#15M

¿Qué signos me hace el 15M? En primer lugar el día de mi primera comunión. El acto más alucinante que he vivido probablemente. ¿Para qué esos extraños objetos, misal con tapas de nácar, guantes blancos, cordón dorado para el traje de marinero? ¿Qué serían las pompas de Satanás a las que tenía que renunciar? Pero hacía un día precioso de cielo velazqueño en Madrid, era fiesta y me habían dicho que sería el día más feliz de mi vida, así que viví aquellos rituales complicados en la oscuridad de un templo como el niño de siete años confiado que era. Así escuché también la alucinante historia del patrón de mi ciudad, agricultor al que los ángeles le labraban el terreno. Para mí entonces eso significaba algo así como no te preocupes por nada, vendrán los ángeles y te harán los deberes.
Que fuera en la puerta del Sol aquella concentración en el 2011, el día del patrón de Madrid y el aniversario de mi primera comunión me produjo curiosas resonancias. También, y como para muchos otros, el 15M ha significado el principio del fin de un régimen, el descrédito de la representación, del sistema económico y el surgimiento de una nueva subjetividad política que se presentaba en las plazas, en el espacio público. Una presencia que no se sentía representada.
Cinco años más tarde me presento en una lista al Congreso de los Diputados porque, a pesar de las intensidades afectivas infantiles y juveniles, estar todo el día en la calle ilusionado con que Internet nos traerá la democracia real es una forma de impotencia.
Con la primavera retorna ese aire de estreno, de primera vez, de que algo bueno va a pasar.

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Identidad numismática

El monetarismo neoliberal nos impone una identidad numismática (de nomisma, moneda, en griego) por la que el número sustituye al nombre. Identidad como sujetos de/a la economía, que establece la norma que distribuye los lugares en los que se nos coloca como entes, objetos medidos por una magnitud monetaria, objetos de cálculo. Así, el número de la identidad nacional nos prescribe el circuito por el que nos podemos desplazar, los servicios a los que podemos acceder, los derechos que podemos reclamar, la posibilidad de ser contados como unidad por medio del voto, los impuestos que debemos pagar. Los números de cuenta bancaria asignan las cantidades asociadas a esa identidad numismática, así como la nómina que nos nomina en el mercado inmobiliario y del crédito. La vida así es un cálculo continuo, tanto para llegar a fin de mes como para conseguir beneficios y plusvalías, para conseguir el número de talla o el peso ideal, nuestros lugares en el ranking, la cantidad de seguidores o de amigos en las redes sociales. Somos así convertidos en moneda de cambio de las políticas que cuentan los votos, los sondeos que pronostican esos votos, la cantidad de refugiados a repartir, las estadísiticas psicológicas y sociológicas, los índices económicos, financieros, los precios. En esta normativa la anomia es carecer de número, de identidad nacional, de seguridad social, de cuenta corriente, de nómina. En esta normativa la cuenta sustituye al cuento y el que hace la cuenta cuenta el cuento (para que le salgan las cuentas).
Éste sería el cuento del papi neoliberal:
Érase una vez un niño pobre, blanco y rubio, que además de jugar muy bien al fútbol, hacía muy bien las cuentas. Fue el primero de su clase y después de su promoción. En sus ratos libres leía libros de autoayuda, nunca salía de casa sin antes mirarse al espejo y decirse a sí mismo: tú puedes. Contrató un coach y se convirtió en un príncipe de los negocios, llegando a ser reconocido por la revista Forbes como el más rico del mundo. Entonces conoció, en un programa de máxima audiencia, a una joven princesa rubia de talla treinta y cuatro (90, 60, 90) que había ganado la corona de miss mundo y desde el primer momento se dieron cuenta de que estaban hechos el uno para el otro, como las dos partes de una naranja. Se casaron, fueron felices y tuvieron muchos hijos que protagonizaron los mejores anuncios. Sus cuentas en las redes alcanzaron el top, sus exclusivas a la prensa fueron las más caras, así como la historia de sus vidas fue el libro más vendido, que, convertido en película, ganó todos los oscars. Consiguieron un palco de honor al lado de San Pedro y su historia es recordada por los siglos de los siglos. Moraleja: si me obedeces nos saldrán las cuentas. neo

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Sobre el patriarcado

La violencia machista es estructural y esto sólo no es así para quien no quiera verlo. El síntoma de las mujeres asesinadas se repite obstinadamente a pesar de las medidas institucionales para frenarlo. La impotencia de tales medidas nos obliga a plantearnos algo más. Ese es el sentido del nuevo grupo Aurora que se ha creado en Pollensa, de soporte, ayuda mutua y autoformación para aquellas que sufren la violencia y la discriminación. http://contrainfo.cat/temes/feminisme-sexualitats-i-antipatriarcat/neix-un-nou-col%C2%B7lectiu-feminista-a-pollenca-col%C2%B7lectiu-laurora/ Ese es también el sentido de Píkara Magazine, una revista creada por un grupo de mujeres periodistas y que presentó ayer en Eivissa su tercera edición en el marco de unas jornadas feministas. http://www.diariodeibiza.es/pitiuses-balears/2016/03/13/pikara-cubierto-demanda-real-periodismo/828968.html
Además de la violencia machista también se repiten las intervenciones de hombres que explican a las mujeres cómo tienen que ser las cosas, hasta pautar cómo hay que vivir la regla. Por eso más que como hombre escribo estas líneas como diverso funcional, ya que el canon impone una jerarquía no sólo de raza (blanca), de clase (media para arriba) sino también de cuerpo, lo que ha llevado a producir los significantes minusvalía, discapacidad, subnormalidad, etc. Como dice el subtítulo del libro Cojos y precarias, haciendo vidas que importan, publicado por Traficantes de Sueños en 2011, http://www.traficantes.net/libros/cojos-y-precarias-haciendo-vidas-que-importan
creo que es imprescindible una alianza entre los diferentes colectivos que sufren la discriminación, algo así como lo que sucede en la película Pride (2014) en la que un colectivo LGTB londinense se solidariza con unos mineros de Gales en huelga en la época de M. Thatcher. En esta dinámica creo que la autoformación es clave. Aunque el patriarcado tiene raíces históricas profundas en nuestra civilización juedocristiana, hace tiempo que caducó en muchos libros y que el distcurso científico lo pulverizó. La coincidencia en el tiempo de la revolución neoliberal con (Reagan y Thatcher) con la vuelta de Jomeini a Irán a finales de los 70 me parece que es algo más que una casualidad. Además de poder interpretarse como una reacción al ciclo de luchas obreras y al auge del movimiento feminista en los 60/70, es también un retorno del patriarcado via la religión, su principal vehículo. Uno de esos libros en los que caduca el patriarcado es de un autor ligado estrechamente a Mallorca, Robert Graves, que publicó en 1948 La Diosa Blanca, una gramática histórica del mito poético, en la que recuerda cómo en la cuenca mediterránea existían culturas matriarcales que adoraban a una Diosa Suprema y que reconocían a los dioses masculinos solo como sus hijos, consortes o víctimas para el sacrificio. Una de sus declinaciones fue Tanit, la diosa de Eivissa, asociada a la luna y la fertilidad. Estas culturas fueron eliminadas por la irrupción del patriarcado (alrededor del 400 a. C) que arrebató a las mujeres su autoridad, elevó a los consortes de la Diosa a una posición de supremacía divina y reconstruyó mitos y rituales para ocultar el pasado.
Es en la articulación de las demandas de las mujeres que sufren la violencia machista, las discriminaciones de las diversidades sexuales y funcionales, de color de piel, de origen y de clase donde Podemos puede ser una buena herramienta para combatir el patriarcado. Que Tanit nos ilumine.

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¿Tendremos que volver a las plazas?

La participación política real en la actualidad de nuestro ordenamiento está reducida a los partidos políticos. Al aceptar el dispositivo de partido político tal como está planteado en el sistema español, se acepta el electoralismo, que las verdaderas elecciones se den dentro del partido, en la confección de las listas cerradas, lo que determina el cainismo y la promoción de un líder que de buena imagen y sepa desenvolverse en los platós de televisión, espacio más decisivo que los parlamentos. La lucha por el voto impone un marco nacional que deja fuera a los que no tienen ese derecho, sobre todo a los migrantes que conforman gran parte de la fuerza de trabajo actual y reduce el debate político a campañas publicitarias de promoción del producto/candidato.
La producción de discurso político está controlado y delimitado por los media que producen la actualidad, los sentidos realmente efectivos de la realidad política, lo que obliga a los partidos a colocar en el centro de su actividad gabinetes de prensa y propaganda, aunque se denominen con el eufemismo de comunicación e implementar dispositivos que controlen esa produccion de discurso dentro del partido. Esa es la función de los responsables de argumentario, que distribuyen verticalmente y a diario las posiciones a defender por los cuadros, de tal manera que no es que sólo los diputados del Congreso sean brazos de madera, es que pertenecer a un partido significa aceptar el papel de marioneta que repite los argumentos de las voces autorizadas y ejercer de agente de propaganda. Esta coyuntura favorece la cooptación de los agentes sociales, la aparición de arribistas de todo tipo, de clientelismo, de intercambio de cromos/apoyos y establece una dinámica que premia la unidad monolítica de los partidos y castiga la división de opiniones y por lo tanto el debate político interno, favoreciendo por otra parte la proliferación metastásica de slogans propagandísticos y parloteo.
El 15M supuso un desbordamiento de este dispositivo de participación abriendo una crisis en la llamada democracia representativa. La inclusión de Podemos, que reivindica la herencia del 15M, coloca al partido en una delicada disyuntiva: ¿sevirá para manetener abierta esa fractura o para cerrar esa irrupción y oxigenar y apuntalar el viejo sistema?

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El Congreso se pone sexy

En el debate de investidura del Congreso, el viernes, Pablo Iglesias abrió una ventana por la que el aire fresco removió la enrarecida atmósfera de la Cámara con un discurso y una puesta en escena que entrarán a formar parte de la historia del parlamentarismo español. En los comentarios posteriores hizo gala de conocer esa historia bien. Sin embargo, no fue el único protagonista, la película del policía bueno y el policía malo pasó a ser coral y la base del relato hegemónico de la política española se tambaleó abriendo la posibilidad de nuevas lecturas de nuestro pasado y nuevas perspectivas de futuro. La lógica incertidumbre es vivida con temor por los poderes financieros y con angusia por los precavidos que siempre desconfían de lo nuevo, mientras lo que ocurre en el Congreso vuelve a ser interesante.

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La sacrosanta Transición

Las instituciones, los rituales, los media, las editoriales, las productoras, han producido un armazón de saber que ha creado un nuevo sentido de la palabra Transición en este país. Parecería una disputa permanente para escribir el guión de Cuéntame si no fuera porque lo que está en juego no es sólo una serie de televisión sino el poder. En la sesión de investidura de hoy el Psoe y Ciudadanos han invocado el espíritu de la Transición para atraer a sus opositores y Albert Rivera ha homenajeado desde la tribuna a los comunistas Jordi Solé Tura y Santiago Carrillo. Alberto Garzón le ha respondido como dirigente del PCE que la Transición fue una victoria de las clases trabajadoras, mostrándose implícitamente conforme con esa forma de leer la historia reciente de este país y alejándose de las voces que en los últimos años, sobre todo desde el 15M, proponen otro discurso, refiriéndose con el término Régimen del 78 a aquella época.

Los límites temporales de ese período son dudosos. La dictadura de Franco no era la misma al final de la guerra civil y cuando pactó con los americanos que en el tardofranquismo y su contexto internacional de los años setenta. Por otro lado la democracia dejó muchas asignaturas pendientes, respecto a la forma del Estado por ejemplo, como estamos viendo. De fondo, la sacrosanta unidad de España, como ha dicho la parlamentaria de Bildu. Que Pablo Iglesias señalara ayer las manos manchadas de cal de Felipe González le ha desmarcado de ese consenso en torno al significante Transición. No parece claro que el espíritu de la Constitución del 78 resurja bajo la bandera de la Transición, hoy hemos tenido la primera prueba.

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Contra la alienación rebelión

El humanismo revolucionario que D. Harvey articula en Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo (Ed. Traficantes de sueños, 2014), es otro intento de rearmar el pensamiento crítico de izquierdas, desarmado desde el triunfo del neoliberalismo y el pensamiento posmoderno. Uno de los primeros intentos del mismo autor fue La condición de la posmodernidad de 1990 que partía de la arquitectura y el urbanismo, en sintonía con otro urbanista “rojo”, Neil Smith, principal teórico sobre la gentrificación, amigo y actual compañero en la Universidad de Nueva York. Harvey apunta a la posición que asumen las diferentes tradiciones teóricas y prácticas políticas que reconocen sus fundamentos en interpretaciones de la obra de Marx. El planteamiento marxista tradicional de la transformación revolucionaria en pos del socialismo/comunismo, según Harvey, tenía una posición cientificista, en la que no se tenía en cuenta a la alienación ya que era un concepto no científico que llevaba la marca del humanismo y del deseo utópico del joven Marx. En la tradición de los partidos comunistas históricos, la transición se veía como una cuestión más científica y técnica más que subjetiva, psicológica y política. Por todo esto Harvey defiende la necesidad de articular un humanismo revolucionario laico que pueda aliarse con esos humanismos de base religiosas (teología de la liberación y movimientos afines hindúes, islamistas, judíos y culturas religiosas indígenas) para luchar contra la alienación.
Uno podría preguntarse dónde queda aquello de que la religión es el opio del pueblo, o si la religión no es otra forma de alienación. Creo que así es parcialmente, y que en el texto falta considerar la alienación en su relación dialéctica con la separación, como hace Lacan, para avanzar en la línea que apunta el autor. En cualquier caso creo que es una forma inteligente de reconocer el papel de la subjetividad en la política y en el cambio social.

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