El saber económico globalitario

El predominio del aparato económico-tecnocrático del que hablamos en otra entrada, es un nexo entre el Estado y las finanzas que como dice D. Harvey en “El enigma del capital”, es una centralización del capital líquido mediante el sistema de crédito que otorga a una clase minoritaria y privilegiada de financieros un inmenso poder social sobre los demás agentes económicos. Al escapar al control parlamentario, a los procesos electorales, en definitiva a la participación política, este predominio del gobierno en la sombra secuestra la soberanía popular, desacredita el sistema político democrático, y produce nuevas formas de autoritarismo, nuevos regímenes “globalitarios”, no localizados en ningún Estado concreto. La política deja de ser un asunto de todos, para reservarse a los gestores, consultores, evaluadores, técnicos y expertos, que justifican las decisiones que toman en nuestro nombre, los pobres ignorantes. Este predominio de lo “económico” sobre lo político se justifica con un discurso cientifista, que no científico, que aprovecha el prestigio paradójicamente religioso que obtuvo la ciencia contra la religión a finales del siglo XVIII, como muestra en La economía en evolución, José Manuel Naredo. Esta pretendida teoría científica de la economía ha situado desde la aparición de La riqueza de las naciones de Adam Smith el afán de lucro individual como motor del mercado autorregulado, desplazando la significación antigua de economía. En la Política de Aristóteles la significación de economía es la administración de la hacienda familiar que distingue de una especie de crematística que critica como la manera de adquirir con logro (dinero parido de otro dinero). Distingue la producción para uso de la producción para la ganancia, el uso de la moneda como medio de intercambio, MDM, mercancía-dinero-mercancía, según el esquema marxista, frente a los fines perversos de las finanzas, DMD, dinero-mercancía-dinero. Para Aristóteles la primera es natural y la segunda la más contraria a la naturaleza y se practica a costa de otros. Es este sentido de la palabra economía el que cambia en el siglo XVIII, para designar precisamente como economía esta crematística condenada por Aristóteles. Esta doctrina liberal cuyo fracaso antes de las guerras mundiales analizó magistralmente Karl Polanyi en La Gran Transformación, resurgió con el neoliberalismo en el último tercio del siglo XX, compartida tanto por la derecha como por gran parte de la izquierda estatal. Es famosa la frase de la campaña que llevó a Bill Clinton al poder frente a Bush: es la economía, estúpido. Con ese poder conquistado Clinton desreguló el mercado financiero abriendo las puertas a la gran crisis fianciera del 2008. La hegemonía global de lo “económico” sobre lo político se declina de manera diferente en cada país. En España la situación está descrita en el libro de Rubén Juste “Ibex35. Una historia herética del poder en España”.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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