El saber político en las democracias representativas

La importancia que se le atribuye al saber de los representantes políticos varía de un país a otro. En los EEUU no tiene tanta importancia como en algunos países europeos en los que se supone que las universidades o altas escuelas funcionan (según la sempiterna metáfora del Estado como nave y del gobernante como piloto o timonel), como academias de navegación que habilitan con sus títulos a los capitanes de la Nación. Esa forma de gobierno se llamaría meritocracia y los méritos estarían medidos por títulos académicos en universidades prestigiosas. Supone que el saber en política lo poseen los catedráticos de las universidades y que lo transmiten a los alumnos más brillantes y trabajadores. Es un claro ideal de clase media, por el que con un sistema que garantice la igualdad de oportunidades (inexistente por otra parte) los gobernantes serán los que mejores notas saquen. Sin embargo la práctica cotidiana nos demuestra que el sacar buenas notas y tener diplomas de másteres prestigiosos no garantiza una buena práctica y que la teoría en política viene después de esa práctica. Desde el lado de los representados es mayoritaria la creencia en el propio saber y cualquiera se siente autorizado a opinar sobre cualquier asunto. La ignorancia del que ha estudiado no es la misma que la del que no lo ha hecho, por supuesto. Se utiliza la expresión de ignorancia docta para distinguir la primera de la segunda, pero no deja de ser ignorancia al fin y al cabo. Esa suposición de saber, tanto si es atribuída a los licenciados universitarios, a los líderes de opinión, religiosos o a uno mismo, supone que el saber sobre política se puede poseer. Estos prejucios funcionan como obstáculos a una participación política más eficaz tanto de los representantes como de los representados. Por todo esto no sería vano recordar el concepto de ignorancia de Sócrates. La mayéutica socrática significa dar a luz el conocimiento que está latente en uno mismo. La ironía socrática se dirige a aquellas personas que pretenden saber pero que en realidad son ignorantes, la mayeútica se dirige al que se cree un ignorante sin serlo. A Sócrates le condenaron a muerte acusándole de no respetar a los dioses y corromper a la juventud, aunque en realidad le condenaron por la ironía que corroía el supuesto saber de los poderosos y por hacer pensar a la juventud. Y eso que sólo sabía que no sabía nada. El reconocimiento de la ignorancia es subversivo porque el saber se produce sobre un fondo de ignorancia. Saber que no se sabe abre el camino del conocimiento y por consiguiente la creencia de saber lo que no se sabe lo cierra. Sapere aude decían los ilustrados. Atrévete a saber es también atrévete a reconocer tu ignorancia.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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