La participación política en las democracias parlamentarias

Igual que un contrato de trabajo entre un empresario y un trabajador se realiza entre dos personas teóricamente libres y esconde la diferencia de necesidad entre uno y otro, la participación política en las democracias parlamentarias esconde las diferencias de condición entre los participantes. La complejidad de las relaciones institucionales exige una dedicación a tiempo completo, por lo que la tendencia es a la profesionalización. Dado que no hay una garantía de continuidad en esa profesionalización, los propietarios de una plaza pública, los funcionarios, al poder pedir excedencias y permisos para campañas electorales conservando su plaza en el futuro están mejor situados que los parados, asalariados, autónomos, artistas o profesionales liberales que dependen de su clientela o de su público y no pueden suspender su actividad laboral durante unos años y empezar de cero. El trabajo doméstico y la crianza de niños, enfermos o ancianos, también son un handicap, que suele perjudicar más a las mujeres jóvenes. Aunque la situación se resuelva contratando a otras personas, éstas también suelen ser mujeres (“señoras de la limpieza”, cuidadoras…). Por otro lado las verdaderas elecciones se producen en el interior de los partidos que monopolizan la participación política, y en las que los miembros de los aparatos se benefician de su conocimiento del partido y, en la actualidad electrónica, del datamining que han ido haciendo y que emplearán en las elecciones internas. El paso del tiempo va seleccionando a los que pueden resistir más tiempo sin tener que ganarse la vida y va creando una cúpula de políticos a tiempo completo formado mayoritariamente por funcionarios y el abandono a posiciones pasivas al resto, reducido al final a refrendar las decisiones de los dirigentes. A día de hoy, la estructuración de la participación política en las actuales relaciones de producción no deja cabida a partidos no oligárquicos y margina a la mayoría de la población. Esa tendencia favorece determinado perfil político: hombre (o mujer masculinizada), funcionario, y de clase alta o media. Claro que hay excepciones, pero como siempre, para confirmar la regla.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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