Identidad numismática

El monetarismo neoliberal nos impone una identidad numismática (de nomisma, moneda, en griego) por la que el número sustituye al nombre. Identidad como sujetos de/a la economía, que establece la norma que distribuye los lugares en los que se nos coloca como entes, objetos medidos por una magnitud monetaria, objetos de cálculo. Así, el número de la identidad nacional nos prescribe el circuito por el que nos podemos desplazar, los servicios a los que podemos acceder, los derechos que podemos reclamar, la posibilidad de ser contados como unidad por medio del voto, los impuestos que debemos pagar. Los números de cuenta bancaria asignan las cantidades asociadas a esa identidad numismática, así como la nómina que nos nomina en el mercado inmobiliario y del crédito. La vida así es un cálculo continuo, tanto para llegar a fin de mes como para conseguir beneficios y plusvalías, para conseguir el número de talla o el peso ideal, nuestros lugares en el ranking, la cantidad de seguidores o de amigos en las redes sociales. Somos así convertidos en moneda de cambio de las políticas que cuentan los votos, los sondeos que pronostican esos votos, la cantidad de refugiados a repartir, las estadísiticas psicológicas y sociológicas, los índices económicos, financieros, los precios. En esta normativa la anomia es carecer de número, de identidad nacional, de seguridad social, de cuenta corriente, de nómina. En esta normativa la cuenta sustituye al cuento y el que hace la cuenta cuenta el cuento (para que le salgan las cuentas).
Éste sería el cuento del papi neoliberal:
Érase una vez un niño pobre, blanco y rubio, que además de jugar muy bien al fútbol, hacía muy bien las cuentas. Fue el primero de su clase y después de su promoción. En sus ratos libres leía libros de autoayuda, nunca salía de casa sin antes mirarse al espejo y decirse a sí mismo: tú puedes. Contrató un coach y se convirtió en un príncipe de los negocios, llegando a ser reconocido por la revista Forbes como el más rico del mundo. Entonces conoció, en un programa de máxima audiencia, a una joven princesa rubia de talla treinta y cuatro (90, 60, 90) que había ganado la corona de miss mundo y desde el primer momento se dieron cuenta de que estaban hechos el uno para el otro, como las dos partes de una naranja. Se casaron, fueron felices y tuvieron muchos hijos que protagonizaron los mejores anuncios. Sus cuentas en las redes alcanzaron el top, sus exclusivas a la prensa fueron las más caras, así como la historia de sus vidas fue el libro más vendido, que, convertido en película, ganó todos los oscars. Consiguieron un palco de honor al lado de San Pedro y su historia es recordada por los siglos de los siglos. Moraleja: si me obedeces nos saldrán las cuentas. neo

Anuncios

Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
Esta entrada fue publicada en neoliberalismo, Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s