¿Tendremos que volver a las plazas?

La participación política real en la actualidad de nuestro ordenamiento está reducida a los partidos políticos. Al aceptar el dispositivo de partido político tal como está planteado en el sistema español, se acepta el electoralismo, que las verdaderas elecciones se den dentro del partido, en la confección de las listas cerradas, lo que determina el cainismo y la promoción de un líder que de buena imagen y sepa desenvolverse en los platós de televisión, espacio más decisivo que los parlamentos. La lucha por el voto impone un marco nacional que deja fuera a los que no tienen ese derecho, sobre todo a los migrantes que conforman gran parte de la fuerza de trabajo actual y reduce el debate político a campañas publicitarias de promoción del producto/candidato.
La producción de discurso político está controlado y delimitado por los media que producen la actualidad, los sentidos realmente efectivos de la realidad política, lo que obliga a los partidos a colocar en el centro de su actividad gabinetes de prensa y propaganda, aunque se denominen con el eufemismo de comunicación e implementar dispositivos que controlen esa produccion de discurso dentro del partido. Esa es la función de los responsables de argumentario, que distribuyen verticalmente y a diario las posiciones a defender por los cuadros, de tal manera que no es que sólo los diputados del Congreso sean brazos de madera, es que pertenecer a un partido significa aceptar el papel de marioneta que repite los argumentos de las voces autorizadas y ejercer de agente de propaganda. Esta coyuntura favorece la cooptación de los agentes sociales, la aparición de arribistas de todo tipo, de clientelismo, de intercambio de cromos/apoyos y establece una dinámica que premia la unidad monolítica de los partidos y castiga la división de opiniones y por lo tanto el debate político interno, favoreciendo por otra parte la proliferación metastásica de slogans propagandísticos y parloteo.
El 15M supuso un desbordamiento de este dispositivo de participación abriendo una crisis en la llamada democracia representativa. La inclusión de Podemos, que reivindica la herencia del 15M, coloca al partido en una delicada disyuntiva: ¿sevirá para manetener abierta esa fractura o para cerrar esa irrupción y oxigenar y apuntalar el viejo sistema?

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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