¿Se repetirá la historia?

Pablo Iglesias terminaba su artículo de ayer en El País, titulado el cambio, como lo comenazaba, citando a Olof Palme, primer ministro sueco que iba sin escolta, como dice en el artículo (pero que acabó asesinado cuando salía del cine con su mujer, aunque eso no aparezca). Es irónico que el artículo aparezca en El País, un periódico que fue el buque insignia del plan renove que supuso la Transición. En aquella época, que no existía aún el plan renove, la encrucijada era entre reforma y ruptura. Y ganó la reforma, estableciendo la segunda Restauración borbónica, que acabó llamándose democracia, con El País como su primer vocero. En cualquier caso, la frase final es que “no se puede estar con los privilegiados y con los golpeados al mismo tiempo”. Sin embargo, eso es lo que tragó la mayoría de los españoles. Unos españoles que se habían convertido en hombres del seiscientos, como caracterizó el recientemente fallecido Moncho Alpuente. El pisito, el seiscientos y la televisión, con hipoteca y a plazos. El coche privado, como motor del desarrollismo fordista (¿podríamos decir seatista en nuestro caso?) y la casa en propiedad, para vivir en un país de propietarios y no de proletarios, como dijo Jose Luis Arrese, primer ministro de la vivienda en la historia de este país. Era un tema central en esa época, como cuenta la película de 1958 El inquilino, dirigida por Jose Antonio Nieves Conde y protagonizada por Fernando Fernán Gómez, primero censurada y luego autorizada con un final cambiado. En youtube se puede encontrar la película tal como se montó originalmente y con el final impuesto por la censura, muy recomendable. La diferencia entre productores (entonces estaba prohibido decir proletarios) y empresarios (todavía no se decía emprendedores) se desvanecía. Todos íbamos a vivir en el Barrio de La Esperanza, como en el final oficial de la película, próxima estación, como suena en la canción de Manu Chao. Todo se torció en 1973 con la primera crisis del petróleo para hundirse definitivamente en 1979 con la segunda crisis del petróleo. Pero hete aquí que los españoles descubrimos el plan renove. Sin cambiar nuestro confort familiar y ante el miedo a que los colectivistas nos quitaran el pisito y el cochecito, nos inventamos un modelo político a exportar (era imperioso exportar algo, lo que fuera, y no había nada más a mano). Frente a los rupturistas, resentidos y transnochados, pasados de moda, triunfó el encomiable esfuerzo de los padres de la democracia española, que nos dieron, a nosotros, hijos inmaduros, un marco de convivencia ejemplo para las generaciones futuras. El ejército rojo, otra vez cautivo y desarmado, se disolvió, con poderosos disolventes, como la heroína, tan barato entonces. Así llegamos a celebrar nuestro Quinto Centenario, incluso a entrar en la Champions League de la economía gracias al esfuerzo de los luchadores de la libertad, que incluso consiguieron liberar el suelo, para que pudiéramos seguir construyendo pisitos, para que la ardilla de antaño pudiera cruzar el país sin tocar el suelo. Y los hombres del seiscientos se hicieron todos agentes inmobiliarios pasando a ser los hombres del Porsche Cayenne y brokers con tirantes. Se podía estar por fin con los privilegiados y con los golpeados al mismo tiempo. Pero entonces sucedió algo nunca visto, una burbuja inmobiliaria que no existía explotó. Y de la nada salieron unos jovencitos a decir que lo llaman democracia y no lo es, y denunciar ese Régimen renovado que nos dió la Transición. Y otra vez a la casilla de salida. Ahora la disyuntiva no se llama reforma o ruptura sino cambio o recambio. Cambio sensato, cambio seguro, cambalache. Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el quinientos tres, y en el dos mil también. Los antiguos hombres del seiscientos y el pisito en propiedad, esperan con terror que no sea cierto lo que dice Olof Palme, que ya ven cómo acabó, por ingenuo. Mejor morir en la cama de Ikea, en la República de nuestra casa ¿no?.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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