La ignorancia de un cualquiera

El autobús se había parado y no se movía, había atasco. Giró un poco la cabeza hacia la izquierda de la mujer que tenía de pie enfrente para mirar el reloj del Palacio de Comunicaciones, nombre con el que conocía el enorme edificio cuya fachada principal da a la fuente de Cibeles en Madrid. Este era el punto que marcaba los usos horarios de todo el Estado, a través del parte con tres pitidos cortos, uno largo y la voz del locutor que decía. Son las tres de la tarde. Radio Nacional de España. Ese reloj que centralizaba las telecomunicaciones se comunicaba por la calle de Alcalá con el kilómetro cero que hacía lo propio con las comunicaciones. La mujer interrumpió sus pensamientos preguntándole qué hora veía. Son las seis y cuarto, respondió mientras miraba cómo los conductores de los coches parados sacaban la cabeza por la ventanilla o bajaban para enterarse de lo que pasaba. Alguien dio unas palmadas sobre el cristal de la puerta delantera y se oyó el sonido de descompresión abriendo las puertas. Un hombre mayor muy agitado gritó: ¡la Guardia Civil ha entrado en el Congreso!. Se formó un revuelo y los pasajeros comenzaron a bajar a la calzada. De pie, entre los coches parados, circuló rápida la información: se había producido un golpe de Estado. Esas palabras despertaron otra vez el fantasma siniestro de la guerra. Se acercó a la esquina del Palacio de Linares y vio a los guardias urbanos que contenían el tráfico que llegaba por el paseo de Recoletos. Desde la puerta de Alcalá, por la calle desierta y a toda velocidad bajó una caravana de vehículos policiales camuflados con las sirenas en el techo. A pocos metros de allí le contaron cómo la emisión de TVE del pleno en las Cortes que estaban viendo en directo se había cortado poco después de que un mando de la guardia civil, con un gran bigote negro y pistola en mano, entrara en el hemiciclo y algunos de los números que le acompañaban dispararan sus ametralladoras contra el techo. Un grupo se puso a cantar en la calle Montañas Nevadas. Buscó refugio al lado de una radio para intentar enterarse de lo que sucedía, después vio la televisión, leyó los periódicos de los días siguientes, leyó libros, vio películas sobre el 23-F y hasta hoy, treinta y dos años después, todavía no sabe bien lo que pasó.

Anuncios

Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
Esta entrada fue publicada en memoria, política, Sentido. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s