El plumífero

Aunque mi padre manejaba el lápiz en su oficio, era aficionado al dibujo y tenía una letra admirable, era reacio a poner por escrito sus pensamientos y muy pocas veces lo hizo. Si para compensar esa casi agrafía de mi padre hiciera una lista de los escritores en castellano de su generación, saltaría a la vista que, a pesar de la censura y la cerrazón en el interior del país durante casi medio siglo y la marca de la guerra que vivieron -en sus carnes infantiles la guerra civil, en las adolescentes la segunda guerra mundial y en las juveniles el aislamiento de la posguerra- fue contagiada por el interés internacional que la lengua suscitó durante todo el siglo XX. El primero de esa lista sería Rafael Sánchez Ferlosio, plumífero en sus vertientes literaria, gramática, caligráfica y grafomaniática que ganó con su novela El Jarama el premio Nadal con menos de treinta años. Después de su retirada de la vacía espectacularización de los actos culturales, en una actitud parecida a la de Guy Debord, tuvo lugar su giro gramático, cuando la grafomanía desbordó su caligrafía. El efecto de comparar las fotografías de los caligramas de su puño y letra, editadas en la revista Archipiélago, bajo los efectos de las anfetaminas con los actuales es dramático. Reaparecido en el panorama editorial como ensayista, el plumífero escribe ahora a mano, con buena letra y en castellano, término que prefiere al de español, utilizado en la Constitución española para denominar la lengua oficial, argumentando que la utilización del término castellano sería más correcta si el criterio a seguir es, como había de ser, la denominación de origen como ocurre con el latín, el árabe y el inglés. En sus apuntes de polemología su pluma se demuestra como una de las mejores espadas que ha tenido la batalla de la opinión pública española en los últimos treinta años, reconocida tanto por el Estado con el premio Cervantes como respetada por los últimos críticos de la Cultura de la Transición. Si hiciera esa lista el segundo nombre podría ser Manuel Sacristán, que compartía con mi padre su segundo apellido y con Rafael Sánchez Ferlosio la actitud de pura alergia frente a los mass media. Habría que añadir a Agustín García Calvo, Manuel Vázquez Montalbán, Jorge Semprún, Carmen Martín Gaite, Tomás Segovia, Emilio Lledó…, pero como para ser fiel al carácter artesano de mi padre la lista habría de ser escrita a mano, con buena letra y en castellano y dado que soy un ser electrónico y por lo tanto sin cuerpo y no escribo a mano añorando así papel, lápiz y la pluma como objetos perdidos que disfrutaron esta generación amanuense que desaparece, la dejaré aquí, después de haber combatido la añoranza tejiendo estas letras electrónicas.

Anuncios

Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s