Fernández Porta y las letosas

Uno de los efectos que tiene para mí escribir un blog es darme cuenta de que a veces escribo gilipolleces, frases poco trabajadas dictadas por la urgencia de la publicación, porque sin la actualización regular el blog muere, o formas de decir que más tarde me parecen odiosas. Supongo que ese dolor narcisista que experimento es el precio a pagar por exponerme en estas líneas públicas. Pero en la pérdida de esa imagen satisfactoria de sabio, de experto, de gran escritor, se produce una ganancia, la apertura de agujeros en mi decir que me llevan a releer, a buscar y a encontrar autores desconocidos, a reconocer deudas con los conocidos. Así, contraje una deuda en el post anterior prometiendo dedicar alguna entrada a las ideas del último libro de Eloy Fernández Porta y me doy cuenta de que, o la extensión que vengo dando a las entradas no es suficiente para ello, o que no sé destilar en unas pocas frases mis ideas, como los poetas. Intentaré pagar en esta entrada algo de mi deuda.
El autor describe el movimiento que se ha dado en la crítica cultural en el cambio de siglo desde una concepción romántica del sentimiento, en la que éste es “externalidad radical” a una concepción sociológica, donde sentir es adoptar una posición ideológica intencional. De ahí la consideración de la cultura como el campo de batalla donde se dirime el valor de las emociones y su pertinencia. De ahí también la atención a los espacios subculturales que permiten desplegar códigos emotivos que no pueden ser formulados en el mainstream, instancias liberadoras que también, sin embargo, pueden codificar, caricaturizar e incluso reprimir los afectos. La condensación de estas ideas se da en la fómula que propone: la codificación de los sentimientos es el grado cero de la política.
Tanto en esta formulación como en el desarrollo creo que hay una cierta confusión entre sentimientos, emociones y afectos, que utiliza indistintamente como sinónimos, aunque tanto unos como otros pertenecerían a ese sistema financiero que define por la circulación entreverada de pulsiones e inversiones. Una definición muy interesante, aunque el manejo del concepto lacaniano de pulsión al que recurre con frecuencia, como a lo que denomina lenguaje freudiano, creo que no es muy preciso. Así, por ejemplo, en su brillante análisis de los anuncios de Canal + titulado “la fan que dijo no”, donde marca el éxito de la campaña por la conversión en moneda corriente del slogan “pues va a ser que no” y en el que la publicidad toma el relevo de los cantares de ciego y la literatura de cordel, transmitiendo la idea de una pretendida soberanía del consumidor que ejerce su libre albedrío. Como primera consecuencia conceptual de este tema del rechazo de ofertas y productos señala el ciclo de circulación del objeto, acudiendo al término lacaniano “lathouses” (letosas en la edición en castellano), para definir los nuevos productos siempre insatisfactorios y el instinto de compra como esa ansiedad nunca saciada que generan. Poniendo el acento en la cuestión de la insatisfacción desconoce el contexto en el que se produce ese neologismo. Para Lacan, el ciclo de circulación del objeto es el discurso y las letosas son objetos de la aletosfera, otro neologismo que alude al término heideggeriano de aletheia y a la dinámica de ocultamiento y desocultamiento de la verdad. Y eso para marcar que la verdad de esos objetos es una verdad formalizada, la de la ciencia que ahora nos gobierna. Las letosas en este sentido son un producto de la industria que imita los objetos de la pulsión. Esta simulación para Lacan es lo que mantiene entretenida a tanta gente en la sociedad de consumidores. Un poco más adelante Fernández Porta diferencia entre el fetiche, perteneciente al orden de lo cotidiano (que el lenguaje freudiano interpretaría como el síntoma de una insuficiencia o inmadurez de su propietario), de las letosas, pertenecientes al orden de la pulsión que nunca puede ser saciada. Lo que el autor llama el lenguaje freudiano en realidad es el lenguaje de Christopher Bollas, un autor poco freudiano desde mi punto de vista, que opone la obsesión y la psicosis a la madurez. Freud no pudo ocuparse de la sociedad de consumo ya que no existía en ese momento, y si bien la lectura idealista y moralista kleiniana de su obra se saca de la manga una pretendida madurez genital, esa no es, según mi parecer, y siguiendo a Lacan en este punto, el sentido de su invención. En cuanto al segundo punto de la diferenciación, al caracterizar la pulsión por la insatisfacción desconoce la conocida boutade lacaniana de que el sujeto es siempre feliz, o lo que es lo mismo, que la pulsión siempre se satisface, de una manera o de otra. Quedan muchas otras ideas interesantes en el trabajo de Fernández Porta que merecen atención y discusión, pero esta vez no prometo nada.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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