¿Cómo hacer entonces con el exceso?

Si echamos un vistazo a cómo lidiaban en otros tiempos y en otros lugares con ese exceso nos encontraremos por ejemplo con los mitos, en el caso de los griegos, para los que la hybris era castigada por los dioses. La cantidad de goce estaba asignada a cada uno por el destino y rebasarla implicaba nefastas consecuencias. A grandes rasgos, era una sociedad donde cada uno debía permanecer en su sitio: el esclavo como esclavo, el zapatero como zapatero, la mujer en el ámbito doméstico y el hombre libre debatiendo en el ágora o combatiendo. La ética resultante era la de la moderación, el justo medio aristotélico. Pero la intemperancia resultaba un problema que era resuelto calificando de bestiales, no humanos, los excesos. Más tarde los romanos celebraban las saturnales, el precedente de la actual Navidad, en las que se intercambiaban regalos y se tiraba la casa por la ventana. Dando un salto de continente y de época tenemos otro ejemplo en el potlatch, de los indígenas de la costa Noroeste americana, donde se llega a regalar y destruir los propios bienes. Más cerca de nosotros tenemos Las Fallas de Valencia, donde el fuego consume el trabajo de todo un año de los artesanos. Y eso bastante antes de que fuera un producto para atraer turistas. Pero esas formas de encauzar el exceso por medio de fiestas, ritos, folklore y tradiciones no pueden competir con la aparentemente imparable fuerza del capitalismo que desborda fronteras y vacía de sentido estas construcciones humanas. Los nostálgicos querrían volver al pasado, pero no es posible. Desde posiciones religiosas y otras laicas se predican diversas formas de ayuno y abstinencia, pero para su escándalo el propio ayuno, la abstinencia y la renuncia en general se convierten en excesivas en fenómenos como la anorexia o el masoquismo. ¿Cómo hacer entonces con ese exceso? En primer lugar creo que hay que reconocerlo, no negarlo. En segundo lugar creo que no puede haber una respuesta para todos. Reconocer que no todos nos excedemos de la misma manera. Por lo tanto no sermonear, no predicar, nadie tiene la última palabra en este asunto. Ocupar las plazas para algo que no fuera comprar pudo ser un indicio de cómo romper el marco del absolutismo del mercado. Se trataría entonces de abrir espacios y tiempos para la invención.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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