El negocio del exceso

Diferenciar nuestras relaciones con los objetos es combatir la indiferenciación que supone que todo es consumible. Ya hemos visto que consumir no es comprar. Otra diferencia importante se da entre usar y consumir. Unas buenas botas mejoran con el uso. De la misma forma, hay muchas cosas que no se destruyen usándolas, como por ejemplo, un martillo, y en general, las herramientas, si se utilizan para trabajar. Pero la herramienta se puede convertir en otra cosa; veamos un ejemplo: un operario que realiza un trabajo complejo que requiera un gran número de herramientas específicas, estará interesado en un cierto orden que le permita encontrar la herramienta que necesita sin perder tiempo en buscarla. Pero si se dedica obsesivamente a ordenarlas una y otra vez el orden se convierte en todo lo contrario, una pérdida de tiempo. Las herramientas en este caso han adquirido un valor diferente para el sujeto (neurótico en este caso), que el de su uso para el trabajo. Es el caso también de algunos geeks dominados por la neofilia. Para ellos, la novedad es el valor del gadget, por encima de su uso, por lo que pasa de ser una herramienta a un objeto de consumo compulsivo. Esta indiferenciación se puede extender a cualquier otro objeto, convirtiendo cualquier cosa, animal o persona, en objeto consumible, por lo tanto en destruible, desencadenando así el ansia devoradora, que acaba por devorarnos a nosotros mismos. Llegamos así a la epidemia actual de consumo compulsivo que se puede dar en cualquiera de las actividades humanas, desde comer y beber, a drogarse, a jugar, informarse…hasta a trabajar. El exceso en todas estas actividades no es para nada nuevo en la historia de la humanidad, sin embargo sí es nuevo que sea encauzado masivamente a través de la compra. El exceso se ha convertido en un gran negocio para unos pocos y en la ruina para muchos.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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