Emancipación

Lo que atonta al pueblo no es la falta de instrucción sino la creencia en la inferioridad de su inteligencia. J. Rancière

Hace ya treinta años trabajaba durante el verano de vigilante forestal en la atalaya de Sant Llorenç, un puig en el centro de la isla de Ibiza rodeado de pinares. Recuerdo un mediodía caluroso en el que hojeaba los apuntes de la última asignatura de la licenciatura en Psicología que me quedaba por rendir. Desencantado de la carrera, había abandonado hacía unos años. Como un ingenuo ilustrado, en mi adolescencia pensé que la emancipación de un hijo de carpintero como yo era una cuestión no sólo económica, de clase, sino psicológica, pero en la Facultad encontré todo lo contrario. Recibíamos una formación para evaluar y clasificar estadísticamente a los sujetos, medir sus diferencias, y para convertirnos, en definitiva, en agentes de control social. Un encuentro inesperado me abrió la posibilidad de trabajar en un centro de salud mental infanto-juvenil y decidí terminar la carrera. Recostado a la sombra en la base de cemento de una antena, veía a lo lejos el ir y venir de los yates entre Ibiza y Formentera. En otra de las grandes antenas, mientras trabajaba colgado de un arnés, un obrero, con el que había charlado un rato antes, canturreaba. Volví a soñar con una psicología emancipadora para los obreros y sus hijos. No supe hasta muchos años después que Jacques Rancière publicaba en ese mismo momento su obra El maestro ignorante, basada en la tesis de la igualdad de las inteligencias, en la capacidad de cualquiera para aprender por sí mismo. La emancipación es, para él, la toma de conciencia de esta igualdad de naturaleza. Sin saberlo ya había experimentado algo así. Mi exiguo sueldo como vigilante forestal lo complementaba tocando el saxo algunas noches en diversos locales de la isla. Había aprendido a leer partituras y tocar sin asistir a ningún conservatorio, apenas un par de clases básicas. Las ganas, la práctica y la observación me habían llevado a verificar la frase de un conocido jazzman: el jazz no se enseña, se aprende. Y no es necesario ser un genio, cualquiera puede hacerlo, si pone ganas, atención y trabajo. Para Jacotot, el inventor del método que presenta Rancière, la difusión de esta buena nueva, podría desterrar la creencia del pueblo en la inferioridad de su inteligencia y acabar con su atontamiento. Casi treinta años después, aunque un poco escéptico, todavía sueño con la emancipación, y por eso transmito el mensaje opuesto al que aprendí en la Facultad de los eugenistas ingleses, siguiendo a Jacotot y Rancière: no existen jerarquías en la capacidad intelectual.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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