Co-instancia de la letra

El poder destituyente del hipertexto es posible por la composición electrónica del tejido de letras que constituye la escritura. Así como la invención de la imprenta hizo posible la diseminación de las tesis de Lutero y destituyó el monopolio de la interpretación de la Biblia por la Iglesia Católica, las primeras tablillas para escribir y los conos que servían de soporte a la escritura cuneiforme, destituyeron la autoridad absoluta religiosa de las primeras regulaciones orales. La escritura nace asociada al comercio, a la contabilidad, al intercambio, al registro. La letra es cifra, inscripción en un soporte. La palabra código, del codex latino, hace referencia antes a ese soporte, a la tablilla, al libro, que al conjunto alfanumérico de los programas cibernéticos. La inscripción permanente e inmutable tiene como función el establecimiento de un orden espaciotemporal, una ley y es por lo tanto instituyente, como las tablas de la ley mosaicas para el pueblo judío. Es en este sentido que lo que actualmente nos instituye, nuestras tablas de la ley, son más el registro mercantil, el copyright, las patentes, los derechos de autor, las cotizaciones de bolsa soportadas en el ciberespacio, que los textos de las diferentes Constituciones de los Estados. Como dice uno de los protagonistas de la novela de Belén Gopegui “Acceso no autorizado”, el código es poder, pero no sólo en su vertiente de cifrado, de software, sino en el sentido primitivo de código, es decir, en los soportes tecnológicos que hacen posible la composición electrónica de esos cifrados, de hardware, desde los satélites y las redes de comunicaciones a los múltiples dispositivos electrónicos de nuestra cotidianeidad. No alcanza con el software libre. Mientras el acceso a esos medios sea privativo, no habrá una verdadera co-institución. Sin soberanía tecnológica, sin hardware libre, no habrá verdadera soberanía popular, democracia real.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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