Depresión y melancolía

Según los epidemiólogos la depresión mayor ha llegado a situarse, en los últimos años entre los transtornos psicológicos más prevalentes, tanto es así que la OMS estima que se convertirá en una de las tres principales causas e discapacidad en todo el mundo en el año 2030 (Mathers, C.D & Loncar, D (2006) Projections of global mortality and burden of disease from 2002 to 2030. PloS Medicine, e442, 3.). A un nivel más popular, las depresiones, el estar deprimido, ha llegado a ser sinónimo de locura, de enfermedad, siendo acompañada la tristeza de la angustia por no ser normal. En los manuales de psicodiagnóstico dominantes como el DSM, la cantidad de los transtornos de la conducta se multiplica y con ellas la amenazadora posibilidad de quedar excluido, marginado, de la ansiada normalidad. En ellos desaparecen las antiguas categorías clínicas como la histeria o la melancolía y con ellas la sabiduría de las antiguas teorías, como sucedió en la Edad Media con los autores precristianos. Como dicen los poetas, es posible que como entonces, vivamos tiempos sombríos. Pero a esos tiempos de oscura escolástica les iluminó la mirada de los humanistas del Renacimiento, que volvieron la vista a los antiguos autores griegos y latinos. Desde esa mirada renovada escribió Erasmo su famoso Elogio de la locura -título que traiciona el espíritu de esa obra si pensamos, como Foucault, que la locura es un invento más reciente. Elogio de la necedad, sería entonces más acertado. Pero aunque la locura no existiese tal como la pensamos actualmente, existía una demonización escolástica de la demencia que, el maravilloso clima humanista se replanteó, reinterpretando la doctrina de la melancolía de Aristóteles, recogida en su capítulo XXX de los Problemata, en el sentido de una doctrina del genio. Así, el médico Marsilio Ficino (1943-1949), habla de una melancolía sublime, que forma parte de un funcionamiento dualista, de polaridad antitética. El primero de sus De Vita triplici se titula “Sobre los cuidados de la salud de quienes se dedican al estudio de las letras”, ya que ellos son los que pueden aprovechar este lado benéfico de la melancolía para “cultivar las ciencias, especialemente las más difíciles”. Para él se trataría de captar las fuerzas espirituales de esta melancolía sublime, desligándola de la otra común y perniciosa, escapando a la demencia, el peligro siempre acechante. Aunque propone un tratamiento de curiosos remedios para el cuerpo, éste está subordinado al cuidado del alma. Para Ficino, Hipócrates fue el gran médico del cuerpo, pero su saber debía estar subordinado a Sócrates, el médico del alma. Rescatar a un humanista como Ficino puede sernos útil en el contexto oscurantista actual de retroceso de las humanidades en la enseñanza, de la reducción de la subjetividad en el tratamiento biopolítico de lo psíquico.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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