Política de la memoria

Ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, y éste no ha dejado de vencer
(W. Benjamin, Tesis de filosofía de la historia)
A finales de febrero del 2010 volvía a Barcelona desde Colliure, donde visité la tumba de Machado, en el último tren de cercanías, en una línea del SCNF que ya no utilizan más que adolescentes, migrantes y anacrónicos como yo que tratamos de utilizar el coche lo menos posible. Al llegar a Port Bou tuve que cambiar de tren, ya que el ancho de vía sigue siendo diferente, por la paranoia franquista que quería evitar invasiones. Al descender, una pareja de secretas acompañados por otros dos policías de uniforme, pidieron la documentación a la escasa media docena de pasajeros y la examinaron cuidadosamente. Era de noche, hacía frío y la estación estaba desierta. Como tenía casi cuatro horas hasta la salida del tren a Barcelona, salí a tomar algo. Desde la estación hay que bajar una cuesta muy pronunciada, de casas feas con las luces apagadas. El único lugar abierto era una especie de cantina de mala muerte, atendido por una mujer mayor desganada y descuidada. Saludé con un bona nit y me contestó con buenas noches. Afuera un grupo de canis bebía cerveza y fumaba porros. Algunos de ellos entraron a seguir bebiendo y a hablar en voz alta como si no estuvieran más que ellos en la taberna. El café era como el ambiente, asqueroso, así que no tardé en salir. La noche era cerrada, fría y volví a subir poco a poco la cuesta. El tren estaba parado en el andén, pero no había ni un alma. La estación es antigua y grande, me recordaba la estación del Norte madrileña, que había fotografiado de joven y que me parecía muy romántica. Aquella noche sin embargo, recordando las frases de Benjamin, la estación me parecía siniestra: “El pasado comporta un índice secreto entre las generaciones pasadas y la nuestra. Habíamos sido esperados en la tierra. A nosotros, como a cada generación precedente, nos fue concedida una débil fuerza mesiánica sobre la que el pasado hace valer una pretensión”. Para mí, en ese momento, el índice secreto me indicaba tres muertos de esa generación: el teniente Miguel Tuells, bisabuelo de mis hijos, fusilado por los fascistas italianos; Antonio Machado, muerto de pena poco después de exilarse, y Walter Benjamin, cuya muerte en Port Bou cuando huía de la Gestapo sigue sin estar del todo clara.
En la edición de que dispongo de las Tesis sobre la filosofía de la Historia, el Jetzeit de Benjamin lo han traducido como tiempo actual. Pero no creo que ese sea su sentido. El jet alemán está más cerca del just inglés, es el tiempo del justo ahora, o del ahora justo, que nos espera para que pongamos a salvo a los muertos del tiempo del enemigo, que no ha dejado de vencer.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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