Autores y fabricantes de churros

Vicenç Navarro publica hoy un artículo sobre Steve Jobs en el que critica el mito del self made man capitalista estadounidense que amasa su fortuna a base de utilizar y explotar para beneficio propio bienes comunes. Como para muchos de los que están “arriba”, la escalera que les permite subir ha sido construida por otros. Así como el ciudadano libre que participaba en el ágora ateniense para darse sus leyes, su autonomía, tenía que liberarse de los trabajos rutinarios y cíclicos de subsistencia, que realizaban los esclavos, el artista en el Antiguo Régimen, para desarrollar su labor, debía obtener la protección de un señor para liberarse también de esas tareas. El público sustituyó al mecenas, convirtiéndose en la fuente de sustento de los autores, y las obras en mercancías, que debían venderse, como cualquier otra, en el mercado. El arte burgués tuvo su auge en la novela, el teatro, la ópera, la arquitectura, la pintura. La fotografía revolucionó primero la pintura, el cine la novela y el teatro y el gramófono la música, ampliando la base de los consumidores de productos culturales, hasta llegar a la cultura de masas de los apocalípticos o integrados. Una vez señora, la codicia impuso el afán de lucro y los fabricantes de productos idustriales “culturales” se autoeligieron como autores. Curiosamente las caras más conocidas de los representantes de los autores han sido cantantes mediocres más o menos pop. En el sentido etimológico de autoridad, augeo, aumento, podemos preguntarnos ¿En qué han aumentado o qué han aportado a la historia de la música Teddy Bautista, Ramoncín, Caco Senante o Víctor Manuel? Desde mi punto de vista nada. La autoridad del top, del disco más vendido, es la que se ha impuesto. Más que aumento habría sido disminución, por la banalización, de la música (incluída la popular), y descrédito del verdadero autor. Y para mi entender, el verdadero autor no es el creador de alta literatura, o pintura, o lo que sea, es autor o no lo es, tanto si lo es de una canción popular o de una ópera. Hay autores o fabricantes de churros. No hay escalera por la que el autor pueda ascender a ningún “arriba”, Olimpo, Parnaso o Panteón. Hay autoridad, la verdadera, la que “augmenta” a los demás. Y eso tiene un coste que ha de ser reconocido, pagado. Que todo el conocimiento esté disponible, pongamos en Internet, no garantiza que haya autores. Es necesario trabajo vivo, tiempo y espacio para que la información sea primero conocimiento y después saber. Es decir, hacen falta sujetos, en sentido transindividual, que no son ni individuos ni colectividades, pero encarnados, sujetos que den cuerpo a los saberes. Para ello tienen que estar liberados de la lucha por el sustento, siendo frugales, como Demócrito, o teniendo padres “pudientes” como demuestran las biografías de los autores reconocidos históricamente. El acceso sin restricciones al saber no garantiza su adquisición, como vemos en nuestra actual idiocracia, en la que los fabricantes de churros expropian a los autores. La alternativa no es autor-individual-propietario o autoría común. Hay saber común, transindividual, pero sin cuerpo(s) no hay autoría. Y ese cuerpo necesita un sustento. La cuestión entonces es cómo sostenerlo.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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