La dignidad de la Res publica versus la idiotez

La antinomia de público en griego era idiota. Si el hombre carecía de recursos para dialogar y discutir con libertad sobre política en el ágora, en el espacio público por excelencia, y tenía que dedicarse a actividades crematísticas, era idiotes, idiota. No era auto-nomos, no podía darse sus propias leyes. En el centro del ágora los griegos erigían estatuas de aquellos que merecían el respeto de la polis, Demócrito, por ejemplo.

En Roma la dignitas estaba asociada a la auctoritas y al buen nombre. Era un valor político por el cual se era merecedor de respeto, fundamental sobre todo para los aristócratas de familias consulares. Pero a pesar de la democracia griega y el derecho romano imperaba el amo.

Con la caída del Antiguo Régimen y la declinación del amo antiguo, la dignidad vuelve a ser un valor político pero ya no aristocrático sino que se reparte por igual entre todos los humanos, por el hecho de serlo, con recursos o sin recursos. La libertad por la Razón, y la capacidad por tanto de dotarse de sus propias leyes, la auto-nomía de la Ilustración, lleva al estudio del gusto estético, que se convierte en el siglo XVIII en fruto de la razón reflexionante de los juicios sobre lo bello y lo sublime. Estos juicios, como los derechos, se plantean como universales en Kant, por ejemplo. Sin embargo, el placer estético burgués se ve desbordado por la reflexión freudiana sobre lo siniestro y el más allá del principio del placer. Aparecen todos los ismos de las vanguardias, desde el futurismo hasta el feismo.

A finales de los años cincuenta Lacan define la sublimación como la elevación de un objeto a la dignidad de la Cosa. La Cosa, en ese momento de su elaboración, era el lugar de nuestros deseos, un vacío, más allá del servicio de los bienes, de lo útil.

Hace dos o tres años Santiago Alba Rico defendía que el espacio público es creado por algo que no es un útil, es una mirabilia o cosa de mirar, como la estatua que colocaban los griegos en el centro del ágora. Ese espacio público es libre del consumo, del mercado, como el templo del que Jesús echó a los mercaderes, un vacío, consagrado y sancionado por la ley, divina en el templo, humana en la plaza, en el ágora. No en vano fueron los comerciantes los que encabezaban las protestas contra los indignados de la Puerta del Sol. No en vano se trataba de ocupar Wall Street en N. York. La dignidad actual es una reacción al cinismo posmoderno de los que decían a cara descubierta que estaban en política para forrarse. Es una vuelta a buscar en los valores ilustrados, republicanos, pero no para volver a los ideales burgueses, sino para dotar de nuevos sentidos a los significantes dignidad, respeto, libertad, democracia, gusto. Para devolver la dignidad a lo público, a algunas cosas que no son objetos de consumo, a algunos anhelos que no son afán de lucro, para no ser idiotizados.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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