Las relaciones del hombre con el objeto de su producción

Vivimos en una sociedad de consumo desde hace ya varias décadas. El consumo, sin embargo, se exasperó con los excesos de la hipermodernidad antes de detenerse o incluso disminuir en la crisis actual, provocando el pánico de los políticos y los economistas que lo consideran motor del crecimiento. Desde su inicio el consumo ha sido contestado, con escaso éxito. En la actualidad, frente a la promoción del consumo y el crecimiento se ha posicionado el llamado decrecimiento, por el cual la frugalidad sería revolucionaria. Por otro lado, para algunos autores, como S. Alba Rico, la indiferenciación capitalista entre cosas de comer (consumir), usar y maravillas (o cosas ante las que maravillarse sin usarlas ni consumirlas), nos retrotrae al Paleolítico. La dilucidación de estas relaciones del hombre con el objeto de su producción, tan acuciante en la coyuntura actual, no está terminada. Llevó a Marx a diferenciar en su estudio sobre la mercancía, el valor de uso y el valor de cambio. A Baudrillard, cien años más tarde, a pasar de una postura crítica de esa sociedad de consumo a rendirse a la fascinación del objeto. Una, desde mi punto de vista, valiosa y quizás menos conocida aportación, es la de Jacques Lacan, que en su seminario La Ética del psicoanálisis (1959-60) desarrolla un apólogo sobre lo textil, donde además de un valor de uso, lo textil es primero un texto. Al inicio, dice, hay una invención productiva. Es un paño que circulará porque es valor de tiempo y alrededor de él se organiza una dialéctica de rivalidad y reparto, en la que se construirán las necesidades. Las necesidades del hombre se alojan en lo útil. La larga elaboración histórica del problema del bien se centra en la noción de cómo son creados los bienes en tanto que se organizan, no en función de necesidades pretendidamente naturales y predeterminadas, sino en tanto que proporcionan materia para un reparto, en relación al cual se articula la dialéctica del bien, en la medida en que adquiere su sentido efectivo para el hombre. Ahora bien, en ese paño, en ese objeto, escaso o no, pero en todos los casos producido, en esa riqueza, por más correlativa que sea de cierta pobreza, a fin de cuentas hay al inicio otra cosa y no sólo su valor de uso -existe su utilización de goce. Entonces el bien está a nivel del hecho de que un sujeto pueda disponer de él. El dominio del bien es el nacimiento del poder. Disponer de los bienes es el derecho de privar a otros de ellos. En otro lugar desarrolla detenidamente en qué consiste esa privación, que para Lacan es de carácter simbólico. Es decir, esas relaciones con el objeto de la producción humana, además de económicas son profundamente subjetivas, como saben muy bien los creadores de tendencias. 

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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