¿Cibersociedad?

Hace diez meses abrí este blog como continuación de mi investigación sobre lo que se venía llamando cibersociedad, intentando escapar de la velocidad hegemónica y consumista de las redes sociales comerciales, buscando una calidad de tiempo compatible con el conocimiento común. La dinámica del consumo de contenidos, de sentidos, impone sin embargo, también en los blogs un ritmo frenético. El afán devorador de noticias frescas no soporta un muro, blog, web que no se actualice con frecuencia. El consumo vertiginoso obstaculiza, hegemoniza el uso. El impearativo es actualizar, estar en candelero, en el escenario del teatro actual, del espectáculo global, donde en el fondo no pasa nada, o encerrarse en el oscuro armario de la obsolescencia. Ésta parece la alternativa. El ideal es entonces que cada uno se convierta en ese tipo de actor obsesionado por chupar cámara, en community manager, en una pequeña empresa de comunicación, pequeño periódico, emisora de radio o televisión, productora de películas, sello de discos para las que el tiempo es time sharing en sus diversas variantes (índices de audiencia, cuota de pantalla, número de seguidores…) La democratización de la información, de la comunicación, del conocimiento queda así convertida en simulacro. La diversidad de los sentidos se homogeniza en UNsentidocomún o logós hegemonikos, que a fuerza de velocidad hace desaparecer del espacio nuestros cuerpos reales y privatiza el espacio público. Sin embargo, esta línea de argumentación que podría suscribir Paul Virilio, se vió desmentida por los hechos de Túnez, Egipto, el 15M, o actualmente Occupywallstreet. Se produjo un uso de Internet y de las redes sociales que llevó a la gente a las plazas, a las calles, recreando el espacio público. ¿Quiere decir eso que todo lo anterior es falso? No lo creo. Desde mi experiencia particular en las movilizaciones, en un primer momento Internet fue utilizado como canal de comunicación, como catalizador, y fue apoyado por “emprendedores digitales” que habían ganado influencia en la red en nuestro país, por su oposición a la Ley Sinde. Una vez pasadas las elecciones locales y autonómicas, estos “emprendedores”, de posiciones políticas liberales o directamente neoliberales, retiraron su apoyo a las acampadas, a todo lo que fuera ocupación real de la calle, llegando algunos a reivindicar para ellos la “paternidad” del movimiento. Aquí paternidad en sentido de patrimonio, de propiedad. Algunos de los que dieron soporte informático al movimiento pretendieron controlar, dirigir el movimiento desde la red, sin estar presentes en las asambleas, o movilizaciones en la calle. Los partidos políticos, y multitud de asociaciones de todo tipo, que anteriormente habían despreciado las redes sociales se volcaron en ellas, así como todo tipo de empresas y egos desbordados, saturándolas aún más de informaciones banales y propaganda. Algunos de los participantes sobre el terreno también se replegaron en las redes sociales comerciales, mucho más confortables que las plazas, convirtiendo las acciones reales en simulacros de acción tipo evento del facebook, donde los “asistiré” que se contabilizan en el muro se quedan en nada en la calle. Volviendo a Virilio creo que, aunque equivocado en su posición maximalista, sin embargo tiene razón cuando recordaba la etimología de lo ciber (Kyber en griego, lexema presente en el verbo kybernao, pilotar una nave y al sustantivo kybernetes, timonel) para denunciar la posible deriva antidemocrática de la red. El intento de ciertos “community managers”, propietarios de software o de medios digitales, de pilotar el movimiento en función del beneficio empresarial, buscando la libertad, sí, pero de comercio para el negocio digital, iba dirigido a reducir el espacio público a ciberespacio de propiedad privada, que es una forma de evaporar el espacio público, de reducir la sociedad a cibersociedad, o sociedad teledirigida por esos propietarios de satélites y compañías de telecomunicación, de software y hardware. Dicho intento, aunque no ha tenido un éxito total, ha tenido un efecto desmovilizador, ha debilitado la acción. Hace ahora poco más de dos años abrí mi perfil en el facebook preguntándome si una cibersociedad era posible. Después de este trayecto y en sentido estricto, creo que no. La cibersociedad es la desaparición de lo social, lo cual no impide que haya herramientas tecnológicas que tengan un uso social. Pero para ello, tenemos que dotarnos de herramientas comunes, pues como dice el lema de la red n-1, no se puede desmontar la casa del amo con las herramientas del amo. 

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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