Bildungsroman (II) Paréntesis

Una amable y perspicaz lectora ha observado una incongruencia en la primera entrega de esta Bildungsroman. Es lo que tiene la publicación electrónica, una interacción inmediata con el lector. Efectivamente las fechas de la rotura de la presa de Tous y la primera victoria de Felipe González en las elecciones no fueron el mismo día. Como he dicho en otro lugar, soy un ser electrónico y éste no pretende ser un relato objetivo de los hechos de la historia. Tenía proyectado desarrollar la cuestión más adelante, pero creo que hay que aprovechar las oportunidades que abren contingencias como ésta. Así que abro un paréntesis.

Uno de los motivos de mi partida era, para decirlo con una palabra de la época, el desencanto, y el encanto a que se refería era con el cambio político. Los últimos años del franquismo me pillaron en el Instituto. Era público, y aunque en aquella época la enseñanza pública estaba abandonada a las capas sociales más débiles, me tocó en suerte estudiar en la antigua sede de la Universidad y, aunque los pupitres y las sillas parecía que no se habían renovado desde que el Cardenal Cisneros fundara la Complutense, teníamos una biblioteca aceptable, no teníamos clase de religión y entre nuestros profesores la mayoría eran antifranquistas. El ambiente en la calle era pre-revolucionario y había manifestaciones un día sí y otro también. Desde la extrema izquierda el Frap y ETA habían intensificado la lucha armada, lo mismo que desde la extrema derecha, que por aquella época se dedicó a matar abogados laboralistas y rojos en general. Al no existir el derecho de manifestación todas las manis acababan a palos. O con la policía o con los guerrilleros de Cristo Rey. La mayor parte de mis compañeros de Instituto pertenecían a alguna organización o partido, pero en la calle la organización más seria y con la que había que contar era “El Partido” o PCE. El Psoe no existía. Semana a semana notábamos que les íbamos ganando la calle a los grises, a pesar de que Fraga decía que la calle era suya. Pero todo cambió con la llegada de las elecciones. De un día para otro, el Psoe comenzó a tener más y más militantes. Apareció El País, y los troskistas señoritos decidieron hacer “entrismo” en el Psoe, lo cual era un eufemismo para ocultar que lo que querían era pillar cacho. Apareció súbitamente la heroína y muchos de mis compañeros de revueltas se engancharon. Y para rematar la faena triunfó el postmodernismo nihilista de derechas, que ridiculizó la ética y la estética hippy y progre. Que Felipe González ganara las elecciones estaba cantado. El encanto había desaparecido mucho antes. A mí no me atraía ni pillar cacho, ni la heroína, ni el postmodernismo, así que me largué con la música a otra parte. A diferencia de la mayor parte de las Bildungsroman en que el prota llega a la ciudad en busca de fortuna, en ésta, amateur, electónica o hipertextual es al revés.   

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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Una respuesta a Bildungsroman (II) Paréntesis

  1. pepa naranjo dijo:

    Esto demuestra que por aquel entonces ya desarrollabas tus dotes de visionario, jajaja!!! Yo aún me quedé unos cuantos años prendida del “encanto”. Gracias por esta bildungselectronicroman!!!

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