Ganarse la vida o perder el tiempo

Para ganarse la vida los amantes profesionales no pierden el tiempo y declaran ilegítima la cultura amateur: todas las palabras que no son libro, todos los colores que no son cuadro, todas las violencias que no son policía, todas las iniciativas políticas que no sean voto, los silbidos que no pagan derechos de autor, los amigos que no sean de facebook, las sabidurías sin diploma, los cuentos de los abuelos, los castillos en el aire…En muchas ocasiones, azuzados por su miedo a la muerte, los amantes profesionales se convierten en ladrones de tiempo para comprar pesados relojes de las mejores marcas que arrastran como bolas de presidiario, carísimas corbatas que les aprietan como sogas de ahorcado. Justifican su frenética actividad diciendo “yo como de esto”, aunque comer para ellos sea tragar ávida y rápidamente cualquier cosa y cada vez tengan más hambre. Para ellos no hay nada que no se pueda comer, no tienen tiempo de maravillarse. Justifican sus robos de tiempo diciendo que crean empleo. Tienen villas y mansiones, pero no pueden habitarlas porque están siempre afanándose cada vez más rápido de un lado a otro. Son esos ricos pobres hombres que creen ganarse la vida cuando en realidad la están gastando, que creen ganar tiempo cuando en realidad lo están perdiendo. Para los que el amor es imposible porque creen que pueden comerciar con él. 1

1Quiero agradecer las palabras que he tomado prestadas para escribir esta entrada ilegítima de bloguero amateur a S. Alba Rico, Michael Ende, H.D. Thoreau.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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3 respuestas a Ganarse la vida o perder el tiempo

  1. Ana dijo:

    Me he acordado de la anécdota que cuenta a menudo Carlos Taibo : “En un lugar perdido de la Amazonia brasileña en el que residía una tribu de indios cuyos integrantes se dedicaban a cortar leña con instrumentos muy primitivos. Unos misioneros que estaban de visita decidieron obsequiar a los indios con cuchillos de acero inoxidable de fabricación norteamericana. Al cabo de un tiempo los misioneros regresaron y encontraron a los indios charlando tranquilamente a la sombra de un gran árbol. Uno de los religiosos preguntó por los cuchillos y recibió como respuesta que eran de enorme utilidad; los indios tardaban ahora diez veces menos tiempo en cortar la leña. Como quiera que el misionero diese por descontado que, de resultas, estaban produciendo diez veces más leña que antes, recibió inmediatamente una rotunda corrección: conseguían la misma cantidad de leña que antes, en el buen entendido de que ahora disponían de diez veces más de tiempo para dedicarlo a aquello que objetivamente tenía que ver con su bienestar y su felicidad… “.

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