¿Porqué me gusta el jazz?

Mis padres se conocieron en 1953, en una salón de baile de San Antonio de la Florida de Madrid, donde bailaban el swing americano de principios de los cuarenta (Glen Miller, Benny Goodman, Lionel Hampton) y que más tarde escucharía por la radio en mi primera infancia. Ese retraso se explica por la actitud del Régimen franquista desde el final de la guerra civil. El jazz había que escribirlo «yas» y los títulos de las canciones transcribirlas al castellano.1

Sin embargo, a partir de 1945 el gobierno de Franco, que en un principio había alimentado los tópicos que calificaban a los Estados Unidos como un pueblo de bárbaros incivilizados y zafios materialistas, tuvo que resignarse y convertir a los norteamericanos en campeones del anticomunismo, difundiendo imágenes del estilo de vida y la cultura estadounidenses como modelo. Y eso es lo que atrapó a mis padres, la música y el cine americanos, que, aunque con retraso, les llegaba sin trabas después del Pacto de Madrid, que supuso el fin del aislamiento internacional del Régimen. Creo que tanto para mis padres como para mí más tarde, de esos sonidos provenía una nueva y atractiva vitalidad en un ambiente represivo y mortecino.

La historia del jazz es la de millones de negros afroamericanos y sus descendientes que, durante más de cinco siglos sufrieron primero la esclavitud y después la segregación racial, para con su trabajo producir la Revolución Industrial, la riqueza y el poderío de Gran Bretaña y después de los Estados Unidos. Esa misma vitalidad ha servido también para crear la llamada música clásica del siglo XX, aunque sus antecedentes se puedan datar en el siglo XVIII, con el gospel (GodSpell). Es llamativo que sea en el terreno de la religión donde se produce el encuentro entre los ritmos negros y las armonías protestantes. Esta primera asociación espiritual derivará luego hacia el emparejamiento con el alcohol y el sexo, en las casas de prostitución de New Orleans, y más tarde con las drogas, lo que determina que el jazz fuera considerado una música marginal. En situaciones de miseria el goce, con su doble faz de placer y sufrimiento, se condensa en la música, el sexo y las drogas. El blues es tristeza, pero también es vida. Mi historia con el jazz es solidaria de esa tristeza, y vitalidad al mismo tiempo, de los oprimidos. De una manera extraña, yo también soy negro.

1Como ilustración esta circular de 1942 de la Vicesecretaría de Educación Popular informando a todas las emisoras de radio de que: Queda terminante prohibido transmitir por medio de discos o por especialistas que actúen en el estudio la llamada música “negra”, los bailables “swing”, o cualquier otro género de composiciones cuyas letras estén en idioma extranjero, o que por cualquier concepto puedan rozar la moral pública o el más elemental buen gusto. (…) Las emisoras podrán dedicar una sección especial a la música de baile, pero eliminando de ella todas las obras comprendidas en la prohibición que antecede. http://investigadoresfranquismo.com/pdf/comunicacions/mesa6/iglesias_6.pdf

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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2 respuestas a ¿Porqué me gusta el jazz?

  1. Ricardo dijo:

    B.B. King, al igual que muchos otros músicos de blues, decía que no encontró una gran diferencia después de comenzar con el góspel y pasarse al blues. En realidad no son músicas tan distintas, al menos si nos fiamos en su “espíritu” y “feeling”. Y esto pese a que en el blues y en el jazz se pierda bastante de la temática religiosa en beneficio de lo mundano, lo marginal y lo licencioso. Algo de lo que Storyville (la zona a las afueras de Nueva Orleans) fue símbolo.

    Paul Oliver (el estudioso de la música negra norteamericana) dice algo así como que el blues representa la búsqueda del orgullo y la dignidad del pueblo negro después de la diáspora africana. Cuando leí esta descripción comprendí que representaba más fielmente la verdadera esencia de la música que las definiciones tradicionales de lo que es el blues ya que éstas solamente alcanzaban a quedarse en lo musical.

    También soy de la opinión de que el jazz ha obtenido una difusión que no han conseguido otras músicas gracias a la fusión de lo africano y lo europeo. Posiblemente también debido a que en la cultura norteamericana hay un cierto carácter de universalidad (al menos si lo comparamos con otros países occidentales). El blues, en cuanto a música Folk, no tiene por qué diferenciarse de otras músicas que han tenido menos expansión (el flamenco, por decir una geográficamente próxima). Sin embargo el blues se ha expandido por todo el mundo y el flamenco mucho menos. John McLaughlin, por ejemplo, suele mencionar que hay danzas búlgaras que comparten el espíritu del blues, pero éstas apenas han tenido difusión. Es decir, la marginalidad que comentas (creo yo) supone un elemento de simpatía, pero no algo determinante para que las personas adopten un estilo musical. Más todavía en el caso de nosotros que, como europeos, vivimos en el jazz de una tradición musical que no es la nuestra (y eso pese a que también tenemos una propia) . Lo que me parece muy determinante es la importancia de los sonidos escuchados en la infancia y en la adolescencia que comentas.

    Saludos.

  2. joaquinluz dijo:

    Hola Ricardo gracias por tu comentario. Aquí te dejo una versión del cierre de Storyville que no sé si conoces. Salud!.

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