La privatización del sentido común

El sentido común es el producto de un proceso de construcción discursiva que triunfa, fijando el sentido y capilarizándose hasta ser considerado por el común como obvio, como pensamiento natural, convirtiéndose así en hegemónico. El sentido común hegemónico actual dicta una ética-biopolítica que podríamos resumir en el imperativo de un antiguo spot publicitario: Busque, compare y cómprelo. El escenario es la sociedad como mercado y los papeles reservados a los actores los de comprador/consumidor y vendedor. Buscarse la vida, para el actualmente triunfante sentido común, es conseguir el logro, el éxito, el lucro. El medio para conseguirlo es la Evaluación. En un primer momento la Evaluación es externa, es un proceso de “individualización” en términos de normas que permiten comparar. En un segundo momento es interna, asumida por el “individuo”, privatizada, y se convierte en Autoevaluación o autoestima. Aquí es donde se produce el triunfo de este sentido común evaluador que desemboca en ¡Cómprelo! ¡Véndase!.

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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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Una respuesta a La privatización del sentido común

  1. Ricardo dijo:

    Los avances de Freud en el inconsciente tumbaron la ilusión de que las personas somos racionales. Ya se sabe, decimos una cosa pero hacemos otra; pensamos que somos de una manera y, en realidad, somos de otra.

    El sentido común no puede entenderse más que como una “fijación” descontrolada. En sí toda fijación ya es perversa, y para el caso del sentido común más todavía porque aglutina toda clase de irracionalidades, prejuicios,… que provienen de distintos lugares.

    La asimilación tiene puntos en común con la conciencia autoritaria. Primero se recibe, y luego se internaliza, hasta el punto de que queremos lo que se nos ha inculcado desde fuera, no lo que realmente somos. Precisamente el que los valores vengan desde fuera es el gran problema porque cada persona es un fin en sí y un proceso semejante lo anula. Igualmente sucede en una sociedad regida por una economía de mercado. La persona vale en cuanto vale para el sistema. Por ella misma carece de valor.

    Es curioso. Hace meses escribí unas breves notas a cerca de algunos temas que me interesaban especialmente y sobre los que quería reflexionar. Uno de ellos era literalmente “el sentido común”. La pena es que ni he vuelto sobre el asunto ni he progresado apenas nada en este aspecto.

    Saludos.

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