La puta calle

Antes de que los cascos antiguos de nuestras ciudades se convirtieran en parque temáticos, cuando aún se podía fumar en los bares, los poetas modernos podían hacer de la ciudad un objeto poético. Eran buenos tiempos para la lírica, todavía se podía amar el encanto infernal de la ciudad, como lo hacía Baudelaire en su Epílogo a Las flores del mal:

Alegre el corazón he subido hasta el monte

desde donde se observa la ciudad por entero;

hospital, purgatorio, celda, infierno, prostíbulo;

donde todo lo atroz como una flor florece.

Tú bien sabes, Satán, patrón de mis angustias,

que no subí allá arriba para llorar en vano.

Mas cual viejo lascivo con una vieja amante

embriagarme quería de esa enorme ramera

que me rejuvenece con su encanto infernal

Ya duermas todavía en los lienzos del alba,

pesada, oscura, enferma, o ya te pavonees

con los velos nocturnos bordados de oro fino

te quiero, ciudad infame

¡Cortesanas, bandidos, también brindáis placeres

que el profano ordinario no alcanza a comprender!

¡Qué tiempos aquellos en los que se podía hacer de flâneur y salir a la calle a encontrarse con lo maravilloso, por sorpresa, a la vuelta de cualquier esquina, y sin turistas haciendo fotos!. Eran los tiempos del peatón, del hombre de la calle, que fue engullido por el hombre del seiscientos primero y del cayenne después. En la calle ya no se oyen los gritos de los niños jugando, las risas de las quinceañeras, los gorriones, las palomas, o los vencejos, no hay nada que oir mas que un estruendo constante y uniforme que la multitud intenta taponar con auriculares de todo tipo. Como el viejo lascivo del poema echo en falta la calle, la puta calle.


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Acerca de joaquinluz

Soy una mirada que escapa tras la luz horizontal, roja, del atardecer. Soy un suspiro azul. Soy de la calle.
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2 respuestas a La puta calle

  1. Ricardo dijo:

    En el “turismo tradicional” hay algo pérfido porque tiene orígenes bastardos y fines posiblemente peores. Una prueba es el detalle de las fotos. La obsesión por hacer fotos (que no sólo es marcada en los japoneses) revela una clara orientación al “tener” (Fromm) . Algo que en términos freudianos significaría una fijación en la fase anal. Ya desde Freud es conocida la estrecha vinculación entre la intensidad con la que se permanece en dicho estadio y la mentalidad capitalista. Así pues existe una coherencia en el carácter que impele a alguien a hacer fotos para “tener” y el consumismo típico del turismo. Por supuesto, no digo que no se hagan fotos. El problema es el significado torcido y desproporcionado que tienen. Muchos turistas deambulan por los paisajes mirándolos desde el objetivo, sin contemplarlos realmente. No es extraño entonces que la mayoría de la gente haga turismo para escapar de sus vidas, y no como forma de ensanchar el alma.

    Yo también hago de menos todo lo que ha arrasado este modo de vida. El problema es que parece inevitable la correlación entre civilización y degeneración (L.Mumford) que tan bien ilustró Knut Hamsum.

    Un saludo.

  2. Pingback: Y tomamos la calle! | joaquinluz

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