Que no cunda el pánico

Llegué a El gran retroceso por una reseña titulada “Los nuevos malos tiempos” firmada por J. Argüelles. El título se hace eco de La Gran Transformación de Polanyi. El volumen, editado por Seix Barral(2017), reúne una serie de artículos de autores de diferentes países sobre la situación política internacional. En uno de ellos Iván Kraster, un editorialista de The New York Times, trata de explicar el autoritarismo xenófobo apelando a “The Autoritarian Dynamic” de Karen Stenner, en la estela del estudio de la personalidad autoritaria de la primera mitad del siglo XX (Adorno, Fromm), hablando de mayorías amenazadas. Según otro psicólogo neoyorquino, Jonathan Haidt, la dinámica autoritaria se da entre las mayorías amenazadas por la globalización. Y la amenaza es normativa. Cuando el individuo cree que la integridad del orden moral está en peligro y el “nosotros” ideal se está desintegrando se activa el botón del pánico. Esta perspectiva (como la de Donald Klein, también neoyorkino pero psiquiatra, creador del término panic attack (1964), pone en el centro del foco al individuo, incluso observando los cambios en su sistema nervioso, dejando fuera de foco su pertenencia colectiva. El individuo está afectado, pero por contagio, como miembro de una masa, de un colectivo. El pánico es el miedo colectivo de una masa desintegrándose, sea la alarma real o falsa, como en el caso de la avalancha que se produjo entre los treinta mil hinchas de la Juventus que seguían el final de la Champions en Turín. Entre los animales gregarios, de manada o de rebaño es la estampida. El sálvese quien pueda decreta el desorden absoluto, la falta de capitán, de pastor, de protocolo de evacuación, ante el peligro de muerte. Seguir atribuyendo el pánico al individuo aislado es no combatirlo bien, además de cargar al individuo con la carga de su miedo. Es una gestión del sufrimiento psíquico además de ineficaz, insolidaria. Pan en griego es todos. El pánico es algo de todas las reses del rebaño, no de una. El pánico es un afecto de un cuerpo aislado pero se adquiere por contagio, en tanto miembro de una masa a la que el cuerpo está unido por el poderoso enlace afectivo de la identificación. El vacío de autoridad que garantiza el orden en una situación de peligro real o imaginario, desata el pánico. Así podemos leer la muerte de Pan, el pastor, que desata el pánico en el rebaño. Parecería lógico que la manada busque un guía para evitar la estampida, pero los seres humanos, aunque a veces seamos miembros de una masa, no somos animales de manada. En ese sentido no todos los hombres son iguales. Siempre habrá alguno que busque un camino personal. Aunque le miren mal.

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Odio a los indiferentes. A. Gramsci

Como buen sociólogo, Bourdieu creía posible predecir la posición social de los sujetos por sus preferencias estéticas utilizando la estadística. Aunque César Rendueles en su reivindicación del materialismo histórico cree que para entender esa relación es necesario un proceso más complejo, no dice que no exista. Catalogado como de la generación Gramsci, Rendueles sigue esa línea de los autores marxistas que califica como “incremento de la sensibilidad hacia la corrientes culturales y hermenéuticas”. Desde la crítica al ciberutopismo de Sociofobia, hasta el reciente lanzamiento en Alianza Editorial de una Antología sobre el autor sardo, la dirección del pensamiento de C. Rendueles apunta a Gramsci. Pero los posmarxistas a través de Ernesto Laclau también se interesan por él. Y algunas editoriales y diarios también. Si hasta hace unos años el libro más importante y casi único sobre Gramsci era la Antología de textos de Manuel Sacristán, ahora es una referencia habitual en el reducido campo del pensamiento político español. Desconozco si se han hecho encuestas en ese sentido, pero Gramsci parece retornar en un marxismo no economicista, más “praxiológico” que teórico, cultural, rejuvenecido, que dialoga con la sociología del arte, la literatura, los gustos y retorna a la vez como referencia del posmarxismo. En estos intentos para pensar la hegemonía y la contra-hegemonía en un contexto de avance de la ultraderecha en Europa subyace la cuestión de “¿porqué aquellos que son -y saben que son- explotados y tratados como inferiores, aceptan tan a menudo su situación?” para decirlo en los términos de Hobsbawn.

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Hobsbawm sobre Bourdieu

El acceso a bienes culturales en la Red, como ésta magnífica reflexión de Hobsbawn sobre Bourdieu en la New Left Review, es posible gracias a iniciativas como Traficantes de Sueños, editorial que poco a poco y desde hace ya algunos años, está abriendo el tráfico de esos bienes a otros circuitos que los de la mercancía, contribuyendo al cambio social de una manera efectiva. Es por eso merecedora de mi apoyo y reconocimiento.

DESCARGAR: Descargar: Sobre Pierre Bourdieu, historia, sociología y cambio social. Una reflexión de Eric Hobsbawm / New Left Review 101: Eric Hobsbawm, «Pierre Bourdieu», New Left Review (NLR) 101, September-October 2016, pp.41-52

via Sobre Pierre Bourdieu, historia, sociología y cambio social. Una reflexión de Eric Hobsbawm / New Left Review 101 — Sociología crítica

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Contra la autobiografía. Pierre Bourdieu

Pocos autores de la izquierda francesa sobrevivieron en Francia a la catástrofe de finales de los setenta con la llegada de “nuevos” filósofos como Bernard Henry Levy y su anticomunitarismo mediático. Bourdieu, del sector dominado por Derrida, Foucault y Deleuze, no era filósofo ni psicólogo, aunque como ellos pasó a encontrar más reconocimiento en los “campus radicalism” de los Cultural Studies. Defendiendo la sociología intentó demarcar su campo con ambición científica de los -ismos y las -logías de sus contemporáneos.
En el artículo La ilusión biográfica, se posiciona contra la escritura biográfica y autobiográfica, que tiende a dar un sentido a la historia personal, una dirección, viaje o trayecto, pero sin tener en cuenta el campo de los posibles, la estructura que lo determina. Mantendrá esa posición hasta pocos meses antes de morir, en su último trabajo, Autoanálisis de un sociólogo, que comienza con la frase: Esto no es una autobiografía. Lo firma y lo reafirma a lo largo del texto. Analiza un texto o una trayectoria intelectual, una serie de tomas de posición, no escribe el sentido de la propia vida, aunque el sociólogo en un movimiento reflexivo intenta ser objetivado. Desde el comienzo del libro es consciente de la paradoja de su posición y de los posibles malentendidos. La insistencia en la negación de la autobiografía es una afirmación de la diferencia con los filósofos de la diferencia, en un campo homogéneo de problemas. Evaluar si gana su envite queda a discreción de cada uno pero no se le podrá negar la nobleza de la apuesta.

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En bruto. Una reivindicación del materialismo histórico. C. Rendueles. Libros la Catarata 2016

El tono del libro se hace necesariamente más técnico y académico para el lector no especializado cuando recorre las ciencias sociales señalando la pervivencia del idealismo. En la teoría del determinismo tecnológico en la formación del capitalismo, por ejemplo. Siguiendo a Hobsbawn recuerda que hubo poca tecnociencia en las transformaciones económicas que se produjeron en Inglaterra en el siglo XVIII. Los principales cambios se dieron en la organización del trabajo y la tecnología industrial retroalimentó un proceso social ya en marcha. El autor se enfrenta a esa lectura afirmando que la historia del marxismo es la de un constante incremento de la sensibilidad hacia las corrientes culturalistas y hermenéuticas (manifiesta en Gramsci). Eso le lleva a ocuparse de la filosofía hermenéutica, la herencia contemporánea del idealismo, para quien la subjetividad dota de sentido al mundo y por eso no habría hechos brutos en ciencias sociales (el título parece aludir a esta cuestión). Aunque rechaza que las distintas instituciones sociales sean textos con un sentido que se puede descifrar y señala la indeterminación semántica de las interpretaciones, reconoce una dependencia explicativa de las subjetividades respecto a la materialidad. Y es que las explicaciones basadas en el estudio causal de las dinámicas culturales y subjetivas (Max Weber) han sido la principal alternativa en ciencias sociales a las explicaciones materialistas. Estas explicaciones llegan a repercutir en nuestra vida cotidiana por medio de las teorías de la economía ortodoxa que toma como punto de partida el análisis de nuestras preferencias individuales y que constituyen la base de las políticas de gobiernos, bancos e instituciones financieras. Así las posiciones idealistas estarían encapsuladas en la ideología dominante y el materialismo histórico sería un buen reactivo contra ellas. El estudio de los fenómenos culturales ha tendido progresivamente a vincularse con el estudio de las producciones materiales para evitar la arbitrariedad de la semiología y la vacuidad formalista de las teorías de la decisión racional, por una suerte de “inercia científica” ya que, afirma el autor siguiendo otra vez a Hobsbawn, que sistemáticamente las opciones materialistas han tenido un mayor rendimiento explicativo.
Reconociendo el reduccionismo de algunas explicaciones marxistas cree muy difícil determinar el ámbito de influencia de las fuerzas productivas sobre las relaciones de producción y la superestructura. Las soluciones a este problema que se han intentado han dado resultados ambiguos. La mayor parte de las versiones de las relaciones dialécticas incurren en un defecto formal que las invalida, el funcionalismo. Da como ejemplo de autor de inspiración marxista que intenta una explicación funcionalista a Althusser. Otros autores prefieren hablar de estructuras, pero éstas no son explicativas en el mismo sentido en que el impacto de una bola de billar explica el movimiento de otra. Es necesario en cada caso reconstruir la historia causal particular de cada acontecimiento que pretendemos explicar. En el mundo social solo tenemos una idea aproximada de que conjuntos interrelacionados de elementos son más resistentes al cambio que otros. El materialismo opta según el autor en reducir las expectativas del conocimiento social científico manteniendo su carácter explicativo considerando a las ciencias sociales como praxiologías, es decir, saberes cotidianos, no científicos. Es graciosa la anécdota personal que utiliza el autor para ilustrar la cuestión de la indefinición de las ciencias sociales. A pesar de eso califica de absurdo el menosprecio de la potencia cognitiva de nuestros saberes cotidianos ya que están articulados, pueden ser refinados, debatidos e incrementados. Pero no existe una teoría científica de la sociedad. Con un toque de humor resume su posición: Las ciencias sociales serían a las ciencias naturales como un tiburón a un submarino, se parecen, pero por dentro no tienen nada que ver. Termina proponiendo recuperar el proyecto de lo que Aristóteles llama dialéctica, en la que se emplean “opiniones compartidas por todo el mundo, o por la mayoría de la gente, o por los sabios; y en el caso de los sabios, bien por la mayoría, bien por los más conocidos y reputados”.
Las explicaciones del capitalismo que ha proporcionado el materialismo histórico, entendido en un sentido muy amplio y no dogmático (Piketty y antes Wallerstein, por ejemplo), dan un papel central a procesos alejados de las motivaciones inmediatas de los agentes económicos, pero que guardan una relación central con el modo en que la sociedad capitalista se reproduce materialmente a lo largo del tiempo. Las relaciones comerciales son acuerdos entre individuos libres que, con la mediación del dinero, intercambian bienes o servicios que consideran equivalentes. Pero estas transacciones económicas entre individuos libres producen una desigualdad sistemática. El autor llega a explicar esta desigualdad con una buena definición del capital de Marx: relación social en una sociedad orientada por la regla fundamental de obtner más dinero sin vulnerar las reglas del intercambio mercantil, sin coerción ni estafa, exclusivamente mediante relaciones comerciales libres. La ganancia surge de la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que esa fuerza puede crear. El trabajo es la fuente del plusvalor y el salario oculta su raíz, es decir, la desigualdad, a través de un acuerdo comercial. Es un fenómeno inaudito históricamente. La desigualdad económica capitalista está imbricada en las relaciones sociales a través de las que nuestra sociedad obtiene su sustento material.
La teoría de la explotación que se desprende de estas ideas se hace cargo de la tensión entre democracia y economía, como expresaban las consignas del 15M. Sin embargo la teoría del valor de esta explicación es problemática. El valor sería un criterio social subyacente que permite comparar mercancías y que actúa como centro de gravedad en torno al cual fluctuaran las mercancías. El valor está determinado por el tiempo de trabajo directo o indirecto para producir la mercancía. Trabajo socialmente necesario, abstracto y simple. El problema es que no describe la intención consciente de compradores y vendedores. Entonces ¿cómo respetan una ley, el valor, de la que no son conscientes? La respuesta del autor es que sucede como si la ley estuviera incorporada a nuestras instituciones económicas y solo la reconocemos cuando se producen turbulencias financieras potencialmente catastróficas. El materialismo histórico entiende la economía capitalista como el resultado de una interacción compleja no solo de intereses mercantiles privados sino de agentes institucionales con valores y tradiciones en conflicto. Por eso califica con Piketty de absurda la separación de la economía (como praxiología) del conjunto de las ciencias sociales.
Las connotaciones políticas y éticas del materialismo histórico llevan al autor a hacer una crítica de la teleología en la historia. La teleología inyecta dinamismo en la base social y su crítica radical lleva al nihilismo. Para el autor hay progreso sin historicismo. Los hechos históricos se pueden organizar en función de las distintas líneas de coherencia: la tecnología, la sostenibilidad ambiental, la estética, la cultura… No todas esas narrativas son congruentes entre sí ni muestran un avance, aunque algunas de las perspectivas posibles (como la justicia) sí pueden ser entendidas como un progreso. El materialismo histórico sería una vía no nihilista de crítica política del historicismo y emancipación de los perdedores del capitalismo, agentes privilegiados del cambio social. Ha planteado el socialismo como una opción de emancipación coherente con la realidad capitalista y comprensible desde ella. El cambio político (contingente, no finalista) está relacionado con la profundación de la democracia y con las políticas igualitarias. Históricamente, las sociedades que mejor han logrado superar alguna de las ataduras pragmáticas de la ultramercantilización y promover avances sociales, educativos o productivos han sido las más igualitarias.
En el Epílogo propone una profundización naturalista del materialismo histórico. A partir de Marx and Human Nature de Norman Geras marca una simetría formal entre el naturalismo y el materialismo histórico y propone una explicación naturalista de la conducta humana, adjuntando referencias de la teoría de la evolución y estudios de biología, austentes en los manuales básicos de sociología. Es en este punto donde surgen mis dudas, frente a algunos de los nombres citados por el autor, como P. Singer cuya ética utilitarista me parece que plantea problemas.

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Actualidad del materialismo histórico III

La hegemonía de la posmodernidad fue contestada pronto. En Cataluña, ya en 1990, Manuel Vázquez Montalbán escribía contra el ahistoricismo posmoderno (Galíndez sería un ejemplo). Esa tendencia ahistórica se ha revertido y vuelve la historia de la mano de una renovada lectura de Marx a la actualidad editorial española en los últimos años. Un ejemplo más de esa tendencia es la colección Pensamiento21 de Los libros de la Catarata, que trata de “arrojar luz y claves de sentido” en un contexto de “perplejidad y confusión”. El cuarto libro de la colección, citado en la entrada anterior (En bruto. Una reivindicación del materialismo histórico. César Rendueles 2016), enuncia claramente en su título su posición. Y me alegra coincidir con el autor en la indicación que hace de la falsa atribución a Marx (que nunca empleó la expresión materialismo dialéctico). Como si todavía hubiera que deshacerse de los prejuicios de un sentido común que identifica la caída del muro de Berlín con la obsolescencia de la obra de Marx. C. Rendueles, siguiendo a T. Eagleton, cree que el Diamat (materialismo dialéctico) fue una degradación ideológica de los textos fundacionales de Plejánov y Lenin, cuyo único objetivo era legitimar la experiencia totalitaria.

El libro comienza situando el origen político de la concepción materialista de la historia como una reacción a la filosofía que desarrollaron los discípulos de Hegel en la Alemania de principios del siglo XIX y que persiste en fenómenos actuales como la autoayuda y la ciberpolítica. Insiste en señalar la importancia de esos procesos lentos alejados de la intencionalidad de los actores sociales y en la crítica del idealismo de los ciberutópicos que ya articuló en Sociofobia.
Teniendo en cuenta que la entrada más leída de este blog ha sido Actualidad del materialismo histórico parece oportuno dedicar a esta reivindicación de C. Rendueles una reseña más extensa en una entrada aparte.

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Notas para pulgarcitas y millennials sobre la historia reciente de España

Aquí tenéis lo que para mí son tres pistas en forma de texto: En Bruto. Una reivindicación del materialismo histórico de César Rendueles, Catarata (2016), La política en el ocaso de la clase media. El ciclo 15M-Podemos de Emmanuel Rodríguez, Traficantes de sueños (2016), y Ibex35 de Rubén Juste, Capitán Swing (2017). Los tres textos siguen un método histórico y son recientes, están publicados en los últimos meses. Todavía se encuentran en las librerías o en Internet con licencia de creative commons, en el caso del libro de E. Rodriguez.

Otra pista menor y en hipertexto podría ser la pequeña historia de este blog ;-) Comenzado en 2011, abarca casi el mismo periodo al que se refiere Rodríguez (2011-2016), de quien ya he reseñado Fin de ciclo (2010). El ciclo 15M-Podemos sucede al que termina con la explosión de la burbuja inmobiliaria. Este ciclo comprende la mayor crisis política desde la “confirmación de la democracia española en 1978” y E. Rodríguez lo da por acabado. De César Rendueles también he reseñado Sociofobia (2013). Su reivindicación del materialismo histórico le suma a la lista de autores de la entrada más vista de este blog: Actualidad del materialismo histórico que tuvo su secuelaY por último, con la campaña de lanzamiento todavía en marcha, ingresa en los tags el más joven de los tres autores, R. Juste, que escribe la historia del IBEX 35 desde su creación a la actualidad.

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